Un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia acaba de demostrar que también la sonda Juno, que actualmente explora Júpiter

 

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Un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia acaba de demostrar que también la sonda Juno, que actualmente explora Júpiter, está siendo afectada por la "anomalía de sobrevuelo". Y podrían haber hallado una solución al misterio.

Durante la pasada década de los 60, los científicos desarrollaron el vuelo por gravedad asistida, una de las maniobras más utilizadas hoy en el espacio y que consiste en utilizar la energía gravitatoria de un planeta o satélite para acelerar o frenar las sondas espaciales, modificando su trayectoria. Desde entonces, misiones de todo tipo han utilizado esta técnica, desde las Pioneer o las Voyager a la Galileo, Cassini o New Horizons.

A finales de los 70, sin embargo, los investigadores se dieron cuenta de que las Pioneer 10 y 11 no estaban donde debían estar. De hecho, se encontraban 386.000 km. más lejos de lo previsto. Lo mismo sucedió más tarde con numerosas misiones espaciales. Todas ellas, en efecto, parecían experimentar una especie de "anomalía" que las llevaba a incrementar su velocidad por encima de lo previsto en los modelos orbitales. Es decir, que aceleraban más de lo que debían sin un motivo aparente. Para colmo, la anomalía no se manifestaba siempre de la misma forma. Algunas veces resultaba evidente, otras era tan débil que apenas si podía detectarse y, en ocasiones, estaba ausente por completo.

La ausencia de una explicación convincente dio paso a todo tipo de especulaciones, desde una supuesta y desconocida influencia de la materia oscura sobre las naves a la existencia de toda una nueva física que se resiste a ser descubierta.

Hubo que esperar hasta los 90 para que investigadores del Jet Propulsion Labortatory (JPL) descubrieran que el extraño efecto estaba relacionado con las maniobras de gravedad asistida. El fenómeno fue bautizado como "anomalía de sobrevuelo" y hasta el momento, a pesar de de décadas de esfuerzo, nadie ha sido capaz de explicar por qué se produce. Ahora, un equipo de investigadores del Instituto Interdisciplinar de Matemáticas de la Universidad Politécnica de Valencia podría, por fin, haber encontrado una solución. El trabajo acaba de aparecer en arxiv.org