Esta explosión de supernova, ubicada en la Gran Nube de Magallanes, es la más cercana que se haya observado

Agencias

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Hace tres décadas, los astrónomos encontraron una de las estrellas en explosión más brillantes que se hayan descubierto en más de 400 años. Una gigantesca supernova llamada 1987A (SN 1987A) que brilló con la intensidad de 100 millones de soles durante varios meses tras su descubrimiento, el 23 de febrero de 1987.

Desde aquella primera observación, SN 1987A ha seguido fascinando a los astrónomos con su asombroso espectáculo de luces. Esta explosión de supernova, ubicada en la Gran Nube de Magallanes, es la más cercana que se haya observado en cientos de años, y ha sido la mejor oportunidad que han tenido los astrónomos para estudiar el antes, durante y después de la muerte de una estrella.

Para conmemorar el 30 aniversario de SN 1987A, se publicarán nuevas imágenes, videos en cámara rápida, un modelo tridimensional y una animación científica basada en el trabajo dirigido por Salvatore Orlando en el INAF-Observatorio Astronómico de Palermo (Italia). Gracias a la combinación de los datos del telescopio espacial Hubble de la NASA y el Observatorio Chandra de Rayos X, así como del observatorio internacional Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), los astrónomos –y el público– pueden explorar SN 1987A como nunca antes.

El telescopio Hubble ha observado SN 1987A reiteradas veces desde 1990 y ha recabado cientos de imágenes, mientras que el observatorio Chandra comenzó a observar SN 1987A poco tiempo después de su lanzamiento, en 1999. ALMA, un poderoso conjunto de 66 antenas, ha reunido datos milimétricos y submilimétricos de alta resolución sobre SN 1987A desde su inauguración en 2013.

“Estos 30 años de observación de SN 1987A son importantes porque proporcionan información sobre las últimas etapas de evolución estelar”, comenta Robert Kirshner, del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica, en Cambridge (Massachusetts), y la Fundación Gordon y Betty Moore, en Palo Alto (California).

Los datos más recientes obtenidos por estos poderosos telescopios indican que SN 1987A pasó un umbral importante. La onda de choque de la supernova se está desplazando más allá del denso anillo de gas formado hacia el fin de la vida de la estrella presupernova, cuando un veloz chorro o viento emanado de la estrella entró en colisión con vientos más lentos generados en una etapa anterior de la estrella, cuando era una gigante roja. Actualmente poco se sabe sobre lo que hay más allá del anillo, y todo depende de los detalles de la evolución de la estrella cuando era una gigante roja.

Las supernovas como SN 1987A pueden sacudir el gas circundante y gatillar la formación de nuevos planetas y estrellas. El gas a partir del cual se forman estos planetas y estrellas se enriquece con elementos como carbono, nitrógeno, oxígeno y hierro, componentes básicos de todo tipo de vida conocido. Estos elementos se forjan en el interior de la estrella presupernova y durante la explosión misma de la supernova, y luego se esparcen en la galaxia anfitriona mediante la expansión del remanente de supernova. Los estudios futuros de SN 1987A deberían aportar datos valiosos sobre las primeras etapas de esta dispersión.