Por: Maquiavelo 

¿Qué esperan los diputados? 

Por simple dignidad y respeto a sí mismos debieran pedir licencia los diputados federales y locales que están denunciados de malversación de fondos de recursos públicos del gobierno de Javier Duarte. 
Hasta da pena ajena mencionarlos cuando para todos los veracruzanos son más que conocidos. No se pueden dar por sorprendidos o que no saben que están denunciados. Apellidos que deben dar pena a sus propios familiares. Son seis diputados federales y los dos locales que actuaron en Finanzas. 
Para que esperar el humillante proceso del desafuero, si son inocentes deben enfrentar las acusaciones que pesan en su contra. Todos ellos trabajaron en el gabinete del anterior gobierno estatal, unos como tesoreros y otros como influyentes secretarios. 
Simplemente dar la cara. Si tienen la certeza que actuaron conforme a la ley y no se quedaron con dinero que le pertenece al pueblo de Veracruz, del cual se consideran como auténticos representantes con mayor razón deben pedir licencia y demostrar que son honestos. 
En caso de que no lo hagan están conscientes que son culpables.
Por otro lado, existen funcionarios que no tienen el fuero y que han sido mencionados en las diversas columnas políticas. El problema de estas personas es que no pueden ocultar sus riquezas mal habidas, de allí que las están vendiendo. Se olvidan que son burócratas y que los sueldos son para vivir e irla pasando no para convertirse en nuevos millonarios.
La lista más completa es la dada a conocer por el periodista Luis Velázquez.
El dilema es para el PRI y para el gobierno federal, las autoridades están obligadas a llegar hasta las últimas consecuencias y demostrar que la lucha en contra de la corrupción y a la impunidad en nuestro país va en serio y que el caso de Veracruz sea un ejemplo para todo el país. 

Todo cambió 

Nunca pasó por la mente del empresario chiapaneco Antonio Macías Yazegey que haber sido amigo, supuesto compadre del exgobernador Fidel Herrera Beltrán y suegro de Javier Duarte de Ochoa fuera la peor desgracia que le pudiera ocurrir y arrastrar dentro de esa vorágine de recursos públicos a su familia.
Desde aquel estupendo negocio ilícito que hiciera con los impuestos prediales que le debía Pemex al Ayuntamiento de Coatzacoalcos con el que se quedaron con decenas de millones de pesos que se repartieron con el alcalde Marcelo Montiel y el entonces senador Herrera Beltrán, quedaría más que satisfecho con la ambición de poseer una fortuna propia. 
Se le recuerda como un buen comerciante que tenía una modesta tienda en el centro de la ciudad “Ajufe” y que viajaba continuamente a su estado natal Chiapas para trabajar en diversas actividades. 
El problema de aquella primera complicidad que solo quedó en un libro bien documentado de una periodista, dio margen para seguir obteniendo mayores recursos ilegales con la entrega del parque industrial que le diera el gobernador Fidel Herrera y contar que su hija era la esposa del gobernador más corrupto de la historia de México, Javier Duarte de Ochoa. 
Fue un viraje total a su vida tranquila y ahora corre el inminente riesgo de ser aprehendido y lo que siempre ocurre, lo desconocen.