Edgar Hernández

Según la última encuesta del The New York Times -que en nada se parece a las “patito” de Veracruz que ponen 22 puntos arriba al hijo del gobernador- Andrés Manuel López Obrador encabeza la preferencia electoral con el 35 por ciento, lo que representa, de seguir la tendencia, una inevitable victoria “para ya saben quién”.

La pregunta obligada es entonces ¿Qué va a pasar con Miguel Angel Yunes Linares acérrimo enemigo del “viejo guango”? ¿Cómo le irá a hacer el rijoso gobernante para parar la voluntad de todo un pueblo decidido a atajar los afanes en favor de su chamaco?

Dice The New York Times que “muy por debajo están Ricardo Anaya, José Antonio Meade y los independientes Margarita Zavala del Campo con el 10 por ciento de las preferencias, y Jaime Heliodoro Rodríguez ‘El Bronco’ con el 5 por ciento”.

Obligada entonces la pregunta ¿Ya en la Presidencia Andrés Manuel López Obrador le otorgará el perdón y olvido a su más férreo enemigo, Miguel Angel Yunes pensando en una extensión de su “Paz y Amor”?

Ya por lo pronto la inminente victoria de Morena obliga a reflexionar cómo se va a dar la transición con Los Pinos.

De entrada la misma información que tiene el New York Times, la tienen Peña Nieto y López Obrador. En consecuencia y ante la inminencia de lo inevitable, es obligado el diálogo, la negociación y el respeto a las reglas de juego que marca una transición ordenada en un marco de paz social.

La amnistía del moreno para la delincuencia organizada y el garantizarle a Salinas de Gortari y Peña Nieto no investigar su pasado es el mejor indicador de la disposición de llegar a una acuerdo a cambio de la silla del águila.

¿Pero ya en la silla, mantendría la misma actitud con Yunes Linares a quien tiene amenazado con la reveladora “Carpeta Azul” que podría llevarlo a prisión?

Si el PAN y Ricardo Anaya están destruidos y si EPN está dispuesto a una transición presidencial de terciopelo en favor de López Obrador, de nuevo la pregunta obligada es ¿Qué va a pasar con Veracruz?

Una negociación parecida sucedió en el 2000 con Vicente Fox, a quien Ernesto Zedillo le entrega la república a cambio de dejar seguir jugando al PRI a través de bastiones electorales como Veracruz y el Estado de México.

¿De nuevo sucederá?

El PRI necesita anclas electorales que le permitan la supervivencia los siguientes seis años tras concluir el PEJE quien ya juró por la “No reelección” que puede o no respetar, pero que de manera indiscutible dejará la puerta abierta a la participación interpartidista.

Previsible entonces que no deje morir al PRI de donde proviene el propio Peje, el mismo partido que le dio la escalera del poder para llegar a Los Pinos.

Asoma, sin embargo, un sombrío panorama para Miguel Angel Yunes, quien –como dice la canción- a pesar de todo pretende heredarle de manera monárquica el poder a su chavo.

Si ese amenazador panorama no preocupa al cuartel azul poco se podrá hacer cuando el próximo primero de julio tengan que empezar a hacer maletas para volar a Timbuctú, donde México no tiene convenio de extradición ya que de lo contrario Duarte tendrá un nuevo compañero de celda en Reno.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo