Elsa de León A.

¿Idiosincrasia a la mexicana?

Y echamos de todo la culpa a los demás. Nosotros somos perfectos y nunca cometemos errores.

Pero siempre que algo nos conviene, nos convertimos en cómplices.

Hay un libro de Sara Sefkovich que se llama Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México… pero no los quiero aburrir, sólo les platicaré que la tesis fundamental de este libro es un estudio sociológico acerca de dónde y cómo se generan la violencia y la desigualdad en México.

Apoyada por un gran estudio y sustentada en una extensa bibliografía, esta autora investiga, analiza, expone y demuestra a través de minuciosos análisis y reflexiones, y sobre todo con pruebas, el comportamiento de los criminales y su estrato social.

Examina los comportamientos y los marcos de referencia familiares y hace propuestas para contribuir a la disminución tanto de la violencia como de la desigualdad.

Bueno, una vez hecho el marco de referencia, yo les quiero comentar mi percepción acerca de esta lectura. Una cosa que me sorprendió es que la autora principalmente señala a las madres de familia como las causantes de todos los problemas, comportamientos y acciones de sus hijos.

Comenta en alguna parte del texto que somos las madres quienes hacemos que los hijos triunfen o fracasen; que somos las madres principalmente en donde se arraiga desde hace muchos años la corrupción. ¡Sopas!

Debo confesar que cuando leí esto abandoné la lectura. Me dio mucho coraje porque no puede ser posible que nos culpen a las mamás de los comportamientos de los hijos.

A cierta edad, los hijos disponemos de nuestra vida. Creo que es a partir de que tomamos decisiones de adultos cuando ya nos emancipamos, y entonces debemos actuar como adultos. Pero, ¡oh sorpresa!, somos las mamis lindas quienes no permitimos que los hijos maduren y crezcan.

En estos tiempos, seguimos batallando en todos lados con la corrupción. No tenemos que ir muy lejos, ni siquiera a otro estado, menos a otro país, aquí mismo, en nuestra ciudad, en nuestro Veracruz, estamos viviendo las peores aberraciones que jamás nos hubiéramos imaginado.

Me preguntaba, ¿cómo es posible que si la familia “parece” buena, educada y estable, los chavos se comporten mal o hagan cosas en contra de su salud, o sean flojos y no cumplan con sus obligaciones?

Todas esas respuestas las obtuve cuando retomé la lectura de Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México. Educa la madre, el padre, los amigos, la calle, la televisión, las redes, la escuela. Todo educa… o mal educa.

Casi nunca reflexionamos las madres en nuestro comportamiento, en lo que les enseñamos a los hijos desde el vientre, en que los bebés son una esponja, o en la manera de “amar demasiado” a nuestros retoños.

Y cuando menos nos damos cuenta, nos crecen los monstruos, que salen a la sociedad a hacer de las suyas.

Ahora, en la actualidad, estamos padeciendo la mala formación de los Milenias o Milenios, que tienen entre 18 y 30 años de edad, que nacieron con la conectividad, el entretenimiento y la tecnología, pero sin nada de responsabilidad, de obligaciones y de compromiso con ellos mismos. Y sí, debo reconocer, que yo en mi trinchera, soy culpable.

Pero la corrupción, la delincuencia, lo peor de la sociedad, no está en el Gobierno. Se gesta en las casas, cuando el hijo comete un ilícito y los padres lo cubren. Cuando el hijo o la hija no aprueban un examen y la madre va a hablar con el director para que lo pase. Los padres, pero sobre todo las madres, hacemos que una montaña se mueva para que nuestros cachorritos no vayan si no quieren ir a trabajar, o hacer la tarea o cumplir con algo, pues tenemos cierta permisividad.

También es corrupción cuando cobra un sueldo y no trabaja; corrupción también es estar en un puesto y no saber hacer el trabajo. No cumplir con las obligaciones, es corrupción. Estar en un trabajo y no hacerlo, es corrupción. No hablar con ellos y corregirlos, no interesarnos por sus problemas, es corrupción. No revisar los programas de televisión, es corrupción. Saber que alguien está haciendo las cosas mal y encubrirlo, es corrupción.

Hoy pensamos que todos se equivocan, menos nosotros, pero cada día nos asustamos porque crecen la criminalidad, la delincuencia, la corrupción. Y todos hemos sido parte de ello.

Y bueno, esto nunca se va a terminar, de lo que se trata es de recudir los índices de delincuencia y marginalidad. De ser menos corruptos. De tener un mejor país. De ser mejores ciudadanos.

¿Qué es lo que debemos hacer para corregirlo? Primero, aceptar dónde estamos mal cada uno de nosotros. Segundo, reducir los límites de tolerancia; ya no debemos permitirnos ni permitirles a los demás brincar los límites. Tercero, importarnos y que los demás nos importen, porque aunque parece que lo que pasa en la casa del vecino no es de nuestra incumbencia, tarde o temprano nos pegará su desgracia, o su mala educación o sus carencias; tratar de ayudar; solidarizarnos.

Esta es una espiral que si no tratamos de detenerla desde nuestra trinchera, tarde o temprano nos golpeará. Como ya está sucediendo.

Recomiendo ampliamente la lectura de ese libro, sobre todo a las madres.

 

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