Héctor Yunes Landa

Una vez más, los veracruzanos tuvimos que aguantar vara ante el escarnio nacional a causa de los dislates del mandatario estatal. En esta ocasión, con el vergonzante episodio del millonario reloj escondido ante los ojos de miles de personas (Tatatiiu, tatatiiu, coreaba Beto “El Boticario”), cuyo valor económico ha resultado un agravio para una sociedad empobrecida.

Del affaire del reloj de Miguel Ángel Yunes podemos sacar al menos tres conclusiones: Veracruz hoy tiene un gobernador que intenta esconder su opulencia en el bolsillo de la corrupción; el precio de un reloj de estas características sólo puede pagarse como resultado de un enriquecimiento inexplicable; y ante su reacción por lo publicado en distintos medios de comunicación, tenemos a un mandatario al que le irrita que se haga pública su sospechosa riqueza. 

Tan fácil que hubiera sido hacer pública la factura de su costoso reloj e informado de inmediato de las condiciones de compra. Sin embargo, ninguna empresa que vende productos de ese valor se hubiera prestado al chantaje y la falsa indignación del mandatario veracruzano. 

Pero no fue la única joya que nos regalaron en el inicio del año. La declaración pública de que es ingenuo pensar que en un año se iban a resolver los problemas de inseguridad en Veracruz, es una verdadera ofensa a los veracruzanos. Quienes hoy buscan dar continuidad a este gobierno fallido, son los mismos que han reconocido que la administración estatal ha sido una trampa. 

Se trató entonces de un engaño premeditado, aprovechando lo que ellos reconocen como “la ingenuidad” de los ciudadanos que pensaron que esto sí podría ser posible. Es evidente que la ingenuidad no era atribuible a quien utiliza a todas las instituciones del gobierno para heredar el cargo, sino a miles de veracruzanos que apostaron por una oferta de campaña engañosa y perversa. 

Un tercer asunto tiene que ver con la percepción que se tiene de las preocupaciones de los veracruzanos. Cuando se dice que la pobreza es más grave que la inseguridad, no es más que un recurso para distraer sobre los escasos resultados en ambas materias. Es cierto, la pobreza la padecen más de la mitad de los veracruzanos (el gobernador, desde luego, con todo y su reloj, no pertenece a esta mitad), sin embargo, eso no justifica el deterioro en materia de seguridad.

Basta saber que durante el año pasado se registraron cerca de 2 mil 500 homicidios dolosos –falta el cierre de las cifras por parte del Sistema Nacional de Seguridad Pública-, lo que significa que habrían desaparecido, por ejemplo, poblaciones enteras de municipios como Landero y Coss, Aquila, Coetzala o Tuxtilla. En seis años –aunque afortunadamente sólo serán dos-, este porcentaje hubiera hecho que dejaran de existir poblaciones completas de lugares como Tlaltetela, Chiconquiaco, Juchique de Ferrer o Zentla. ¿Eso les parece poco?.

Veracruz hoy tiene un Gobernador que se reconoce como engañabobos –en Alvarado los llaman de otra forma-, que no tiene respeto a la inteligencia y la dignidad de los veracruzanos, como lo ha reconocido su propia familia. 

La buena noticia es que este gobierno de simulación pronto acabará y tendremos un nuevo horizonte, no apuntalado por un linaje que reniega de él mismo, sino por un proyecto que desde hoy reconoce la crudeza de la situación que prevalece en Veracruz.

Habrá, por decisión de los veracruzanos en las urnas, un mandatario estatal que tendrá el reto de romper con esta inercia de corrupción e impunidad que prevalece hasta nuestros días.

Los veracruzanos tendremos la oportunidad de corregir el rumbo. De buscar una solución eficiente al grave problema de inseguridad –el mismo que habría de resolverse en seis meses-, y crear las condiciones para que dejemos atrás una década de violencia y muerte.

Albricias que concluya la actual administración, no sólo por la evidente ineficacia e ineptitud que ha mostrado en los temas que más preocupan a los veracruzanos –seguridad, empleo, desarrollo económico, transparencia-, sino porque concluirá un gobierno que ha utilizado la mentira y la simulación como formas de justificar la crisis social y económica que vive nuestro estado.

Hemos iniciado el año con la buena noticia de que Veracruz tendrá para navidad un nuevo Gobernador. En tan sólo 328 días se le acabará la sonrisa a unos cuantos, y se la devolverá a millones de veracruzanos

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