Raymundo Jiménez

A la serie de malas señales y afrentas ominosas que en los últimos 45 días ha ido recibiendo el gobernador Javier Duarte desde la Presidencia de la República y del CEN del PRI –como el anuncio de las acciones de inconstitucionalidad presentadas por la PGR ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación por órdenes del presidente Enrique Peña Nieto para frenar su blindaje contra el inminente Sistema Nacional Anticorrupción; la investigación de su patrimonio y finanzas personales por parte del SAT; el proceso de expulsión al que le ha dado curso la nueva dirigencia del partido tricolor; la manifiesta lejanía y frialdad del Ejecutivo federal, primero en el acto de la Escuela Naval Militar de Antón Lizardo y luego durante un evento público en la residencia oficial de Los Pinos, y ahora su ausencia en la reunión que este miércoles sostuvieron los gobernadores priistas en funciones y recién electos con el líder nacional Enrique Ochoa Reza–, a Duarte le falta beber aún otro de los tragos más amargos: la recepción que Peña Nieto, su distante compañero de partido, está por dar al panista Miguel Ángel Yunes Linares, su más feroz detractor, cuya reiterada promesa de campaña fue precisamente la de encarcelar a su antecesor priista.

Y es que el triunfo del ex candidato de la alianza PAN-PRD acaba de ser validado por el Tribunal Electoral de Veracruz, cuyos magistrados resolvieron desechar por improcedentes los recursos de impugnación que habían presentado el PRI y Morena, partidos que están en su derecho de recurrir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, aunque se ve muy difícil que esta última instancia jurisdiccional pudiera revertir el dictamen del TEV.

Así que seguramente será cuestión de días para que Peña Nieto reciba en privado a Yunes Linares, tal como el Presidente acaba de hacerlo este miércoles con otro gobernador electo de filiación panista: Francisco García Cabeza de Vaca, de Tamaulipas, a quien durante el encuentro de media hora en Los Pinos, el jefe del Ejecutivo federal le expresó la voluntad y el compromiso de trabajar de manera coordinada, “a efecto de impulsar acciones que permitan elevar los niveles de bienestar en la entidad y fortalecer su desarrollo”.

García Cabeza de Vaca asumirá la gubernatura de Tamaulipas el próximo 1 de octubre, dos meses antes que Yunes Linares en Veracruz, quien entrará en funciones hasta el 1 de diciembre. ¿Qué tanto veneno destilará el panista contra Duarte en su reunión con Peña?

¿NO FUE CONVOCADO?

Por cierto, este miércoles, el presidente del CEN del PRI, Enrique Ochoa, se reunió con la gobernadora de Sonora y los demás mandatarios estatales de su partido, con excepción de los de Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua, los más cuestionados. El encuentro –según el comunicado oficial de la dirigencia del tricolor– “se llevó a cabo en el marco de la nueva etapa de la vida del partido y con el objetivo de buscar propuestas y soluciones democráticas a los retos que enfrentan México y el Revolucionario Institucional”. También se remarcó que “este encuentro “es parte del proceso de diálogo abierto, crítico, autocrítico y propositivo que lleva a cabo en las 32 entidades federativas del país”.

Ochoa Reza reiteró su llamado a abrir las puertas del partido a la sociedad, conectar de nuevo con los ciudadanos y recuperar su confianza. Llamó a la gobernadora de Sonora y demás gobernadores a construir una nueva propuesta de política social que retome las causas sociales que ha abanderado el Revolucionario Institucional desde su fundación. Les dijo que es necesario construir una estrecha comunicación del partido con la sociedad y abanderar las mejores causas de la sociedad civil.

Y es que en esta reunión realizada en la sede nacional del tricolor, el Presidente del PRI junto con los gobernadores presentes, “analizaron los aciertos y errores que tuvo este instituto político en el proceso electoral del pasado 5 de junio, para trabajar a favor de la unidad partidista”. Ahí, el líder priista volvió a refrendar su compromiso de transparencia, combate a la corrupción e impunidad, para acreditar en los hechos la capacidad de gobernar y rendir cuentas del PRI, así como su determinación de construir una nueva y moderna relación entre el gobierno y el partido.

¿Será por eso que Javier Duarte no asistió a este encuentro, al que sólo acudieron los mandatarios del Estado de México, Eruviel Ávila Villegas; de Nayarit, Roberto Sandoval Castañeda; de Sonora, Claudia Pavlovich; de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas; de Colima, Ignacio Peralta; de Hidalgo, Francisco Olvera y Omar Fayad, uno en funciones y el otro electo; de Jalisco, Aristóteles Sandoval ; de Aguascalientes, Carlos Lozano de la Torre; de San Luis Potosí, Juan Manuel Carreras; de Durango, Jorge Herrera Caldera; de Tamaulipas, Egidio Torres; de Guerrero, Héctor Astudillo; de Tlaxcala, Mariano González Zarur y su sucesor Marco Antonio Mena; de Yucatán, Rolando Zapata; de Zacatecas, el saliente Miguel Alonso Reyes y el entrante Alejandro Tello?

Entrevistado este jueves por el periodista Ciro Gómez Leyva, quien le preguntó por qué no asistió el día anterior al CEN del PRI, Duarte respondió que no estuvo porque presidió una reunión del Grupo de Coordinación Veracruz en el sur del estado, y porque además considera importante que “en estos momentos de coyuntura” se aclare la denuncia que en su contra presentó Yunes Linares, la cual, dijo, sólo intenta “generar ruido mediático”.

 

¿Será? Lo cierto es que el dirigente priista Enrique Ochoa no ha venido ni vendrá a Veracruz hasta diciembre, después de que haya dejado la gubernatura su correligionario, pese a que en octubre iniciará legalmente el proceso electoral municipal del año próximo.