Gabriel García-Márquez

A los candidatos presidenciales se les acaba el tiempo para convencer al electorado, ya solamente les quedan dos semanas para entrar en las mentes de los ciudadanos, toda vez que el 14 de junio arranca la Copa Mundial de Futbol Rusia 2018 y a partir de entonces los mexicanos no tendrán oídos más que para los comentarios y noticias sobre el llamado juego del hombre.

No es una casualidad que esta semana hayan comenzado a llover las encuestas en los distintos medios de comunicación y se haya dado una reunión cumbre entre las encuestadoras del país convocada por el INE.

Los encuestadores han dicho que para lo que no sirven las encuestas es para saber quién va a ganar la elección, que su utilidad es para saber qué estrategia han de tomar los partidos, coaliciones o candidatos.

Son disparatados los datos arrojados por los últimos sondeos que se han publicado, pero en todas ponen a la cabeza a Andrés Manuel López Obrador y en segundo lugar a Ricardo Anaya, seguido de José Antonio Meade y Jaime Rodríguez hasta el final.

FOCOS ROJOS

Esto ha propiciado que se prendan los focos rojos en el sector empresarial, lo que ha provocado que los propios empresarios hayan salido a hacer su labor proselitista, tratando de crear conciencia entre sus trabajadores para que razonen el voto y piensen en cuál es el proyecto que conviene a su empresa, a la que les da el empleo.

Los seguidores de López Obrador afirman que los empresarios están violentando la ley y que están obligando a sus empleados a que voten por Ricardo Anaya o José Antonio Meade, lo cual es totalmente falso toda vez que hasta el momento no hay ninguna denuncia presentada ante las autoridades laborales en ese sentido.

Los empresarios están en todo su derecho de externar su opinión ante sus trabajadores si así lo desean, pues hasta el momento no hay ley que se los prohíba.  

NO CONVENCEN

Lo cierto es que a medida que nos acercamos al día de la elección, los electores se decepcionan más de los candidatos, que han dedicado la campaña a denostar a sus rivales y las propuestas serias han brillado por su ausencia.

Por cierto, ya estamos hasta la coronilla de escuchar a los voceros o representantes de lo candidatos, con sus pleitos de comadres donde se atacan unos a otros sin importar el daño que le están causando a su gallo.

De manera que el día de la elección, los ciudadanos estarán en la urna, con la boleta y el lápiz en la mano en la incertidumbre de no saber qué hacer con su voto. Las opciones serán muchas y las razones también. Aquí menciono una cuántas:

¿Votaré por el candidato que mejor me cae?

¿Por el que me parece más guapo?

¿Por el que tiene la mejor propuesta para México?

¿Por el que tiene el mejor discurso?

¿Por el que me pagó por el voto?

¿Por el partido que siempre he votado?

¿Por el más populista?

¿Por el que me seguirá dando programas sociales?

¿Por el que garantiza la continuidad?

¿Por el que dice que no va a vivir en Los Pinos?

¿Por el que habla más idiomas?

¿Por el que mochará las manos a los que roben?

¿Por el que se bajará el sueldo a la mitad?

¿Por el que aumentará el salario mínimo?

¿Por el que me dará trabajo?

¿Por el amigo de mi compadre?

Y la lista de opciones y razones sería interminable, porque los candidatos nomás no nos han convencido de a de veras de por qué tenemos que votar por uno de ellos.

Hoy a escasos 30 días de la elección no se han dado cuenta que el tiempo para convencer al pueblo ya se les acabó, que cuando arranque el mundial ya nadie los escuchará.