Sergio González Levet

     Le sucede cuando menos una vez en su carrera a los grandes bateadores de beisbol: de repente dejan de pegar hits. Pasa una entrada y otra, un juego y el siguiente, ¡y nada! Su porcentaje de bateo se desploma peor que el peso frente al dólar, su productividad en carreras impulsadas se va al barranco.

     A eso se le llama en inglés slump, y es la bestia negra de todos los jugadores, por más buenos que sean o hayan sido. Vaya, hasta Babe Ruth tuvo su baja de juego en 1927, pero la superó en esa misma temporada y bateó 60 jonrones, un récord que duró 34 años hasta que Roger Maris bateó 61 vuela-bardas (la marca de Ruth, sin embargo, permanece incólume porque la hizo en una temporada de 154 juegos, y cuando Maris superó los 60 ya había más equipos y por tanto la hizo en 164 partidos).

     Bueno, pues resulta que el slump no es privativo del beisbol, y se da el caso en otros deportes, como en el futbol cuando un goleador deja de anotar o cuando un tenista pierde varios partidos seguidos. En otros deportes… y en la vida misma.

     Tal vez no sería exagerar demasiado si decimos que nuestro hermoso estado, Veracruz, está pasando por un slump, aunque éste tiene su origen claro y directo en la depredación duartista, que nos dejó postrados en lo económico.

     Y también suelen caer en un slump los escritores, buenos o malos, preparados o impreparados, poetas o periodistas… de pronto se encuentran ante la hoja en blanco y no aciertan a poner nada (perdón por la acronía, debería haber puesto “ante la pantalla en blanco”, pues ya casi nadie usa una máquina de escribir para redactar). Y así “pasa un día y pasa un mes y es que la suerte estaba echada, las cosas salen al revés”, o más bien no salen de ninguna manera.

     Los beisbolistas han inventado muchas recetas y consejos para salir del slump. Lo primero que dicen es que uno no debe pensar que está en una mala racha, porque es la mejor forma de hacerla permanente. También recomiendan pararse de manera diferente en la zona de bateo y agarrar el bate de una manera diferente, o atrasar el swing -perdón por tantos terminajos del inglés, pero es que el beisbol se nutre de ellos-, aunque eso no creo que sirva de mucho a un escritor.

     Yo, lo confieso, estoy tratando de salir de mi slump montado en la máxima de Samuel Hahnemann, el padre de la homeopatía, que en latín va así: similia similibus curantur (lo semejante se cura con lo semejante). Así que mi primer acto reflejo fue dejar de escribir. He ahí la razón por la que durante la semana pasada no publiqué mi columna.

     Eso me dio un alivio momentáneo. Sin embargo, me di cuenta de que si seguía por ese camino iba a terminar por no escribir nunca, y no se trataba de eso.

     Hoy he tratado de salir de mi slump escribiendo sobre él, como una especie de conjuro que me permita rebasar la maldición.

     Cuando menos, me salió esto que ustedes han leído.

     Algo es algo…

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